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¿Quién tiene más miedo a las vacunas, padres o niños? Muchas veces vemos padres muy aprehensivos frente a la situación de la vacunación. Algunos se muestran nerviosos, expresan verbalmente frente al niño su miedo, e incluso, hemos visto a otros padres llorar. Muchas veces es necesario discernir quién le tiene más miedo a las vacunas: ¿los padres o los hijos?

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Las primeras vacunas de los bebés normalmente generan un cierto malestar en los padres. El pinchazo en la piel sensible del bebé recién nacido puede parecer mucho más terrible de lo que realmente es. Muchas veces vemos padres muy aprehensivos frente a la situación de la vacunación. Algunos se muestran nerviosos, expresan verbalmente frente al niño su miedo, e incluso, hemos visto a otros padres llorar. Muchas veces es necesario discernir quién le tiene más miedo a las vacunas: ¿los padres o los hijos? 

Los bebés y los niños perciben las emociones de los padres. Aunque no digamos nada, los gestos, la inquietud, la tensión corporal, el tono de voz son percibidos por los niños como indicadores de que algo no está bien o es amenazante para ellos. Como adultos, podemos entender que nuestro miedo es irracional. Los niños no pueden comprender eso. “Si mamá y papá están al mando, y algo está mal para ellos, entonces algo está mal para mí...”.

Por eso, es fundamental que nuestra actitud como padres hacia las vacunas sea racional y, como en todo lo relacionado a la crianza de nuestros hijos, hagamos las cosas seguros de que es lo mejor para ellos. Es muy difícil explicarle a un niño (y que comprenda) que la molestia del pinchazo es poco significativa frente a las incontables ventajas que representan las vacunas para su salud. Lo que sí puede ayudarlos es que nosotros tengamos una actitud relajada frente a la situación del pinchazo, porque de esta manera le trasmitiremos la seguridad que necesita.

Una manera que tienen los niños de aprender es por modelado. Los padres somos modelos para ellos, muchas veces de manera involuntaria y aún cuando no queramos serlo. Si uno se pone muy nervioso cada vez que ve una aguja, es probable que su hijo reaccione de la misma manera. Si uno mantiene la calma, probablemente el niño lo hará también. 

Aquí hay algunos consejos para ayudar a que tu hijo sienta menos dolor en cada pinchazo:

-La distracción

Llevar elementos que distraigan al niño, como un cuento, un juguete o simplemente cantarle una canción puede distraerlo del dolor.

-Caricias y abrazos

Hay estudios que demuestran que los bebés que son abrazados por sus padres durante la aplicación de las vacunas, lloran mucho menos. 

-Anestésicos locales

Existen en el mercado productos anestésicos locales, que pueden colocarse previamente en el área donde se dará el pinchazo. Antes de comprarlos, consulta con tu médico si son apropiados para tu hijo.

-Dejar que el niño elija

Si se puede, dejar que el niño elija en qué brazo aplicarse la vacuna le dará una sensación de control sobre la situación que lo ayudará a reducir la ansiedad.

-Reducir la ansiedad anticipatoria

Cuando los niños ya son más grandes, comprenden que la visita al consultorio implica la aplicación de una vacuna. Antes de ir, es recomendable explicarles con un vocabulario acorde a la edad, cómo los ayudarán las vacunas y por qué son tan importantes para la salud. También, sirve de ayuda mostrarle el poco tiempo que dura el dolor del pinchazo.

-No mentir

Decir que no los pincharán cuando no es verdad, sólo hace que los niños sientan desconfianza hacia los médicos.

-Nunca amenazar

Jamás amenace al niño con vacunas cuando se está portando mal, como si la vacuna fuera un castigo. Con esta actitud, le estaría demostrando que es una situación para temer cuando no lo es.

-Recompensar

Elogiar al niño después de la aplicación es fundamental, no importa cuánto haya llorado. Recuerde que lo importante es que afrontó la situación y se dejó aplicar la vacuna. También puede premiarlo con algún juguete económico o paseo, luego de la aplicación.

 

¿Cuándo los pinchazos representan una fobia?

La fobia a la sangre, inyecciones o intervenciones médicas invasivas, es un subtipo de fobia específica. Las fobias específicas (el temor a un objeto o situación) son un trastorno de ansiedad muy frecuente.

Los adultos que padecen de este trastorno, pueden tener un ataque de pánico al exponerse al objeto temido. Cuando esto pasa frecuentemente y altera nuestra vida cotidiana, debemos considerar la posibilidad de realizar una consulta para tratar este trastorno.

La fobia a las inyecciones suele presentar un patrón marcadamente familiar, y por eso es muy importante que, si padeces de este trastorno, recibas el tratamiento psicológico adecuado, para minimizar el impacto en tus hijos.

  

Lic. María Cecilia Veiga

ProMamás

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El presente artículo fue elaborado y corregido por el comité asesor de bebesencamino.com.

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