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¿Qué produce el divorcio en nuestros hijos? La separación de los padres es considerado un acontecimiento de gran impacto emocional en la infancia, donde los hijos son expuestos a múltiples cambios que les demandarán poder de adaptación.

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La separación  de los padres es considerado un acontecimiento de gran impacto emocional en la infancia, donde los hijos son expuestos a múltiples cambios que les demandarán poder de adaptación.

Deben ser los adultos los encargados de acompañar, ayudar y facilitar a los niños en este proceso adaptativo.

La madurez con que los padres encaren la situación, repercutirá directamente en la manera de procesar y encarar la separación que adopten los hijos.

En la mayoría de los casos, el problema no se centra en la separación en sí, se centra en la manera en que se lleva a cabo esa separación. Peleas, agresiones, intereses económicos, confrontaciones con respecto al régimen de visitas y a la custodia de los niños, son los factores que dificultan y los cargan de estrés.

Con respecto a la comprensión y manejo de la situación, hay que considerar la personalidad y la edad de los chicos. Si bien no todos responden de la misma manera, hay ciertas características que podemos esperar con respecto a la etapa madurativa en que se encuentren.

Entre 3 y 5 años, generalmente los niños pueden tener retrocesos en el desarrollo o el aprendizaje de algunos hábitos. Por ejemplo, presentar problemas a la hora de alimentarse, de dormir, en ocasiones no controlar esfínteres (cuando ya lo habían logrado). Pueden mostrarse agresivos, irritables, tener más rabietas y angustiarse cuando se separan de algún ser querido.

Entre 5 y 8 años, suelen pensar que sus padres volverán a estar juntos, a veces se sienten responsables y buscan la manera de volver a juntarlos. Generalmente pueden bajar su rendimiento escolar, disminuir su atención en clase y aislarse o pelearse con sus compañeros.

Entre 8 y 12 años, pueden sentir bronca o ira contra uno de sus padres, principalmente con el que el niño considera culpable de la separación. Son muy frecuentes las alteraciones del comportamiento, del rendimiento escolar y de las relaciones sociales.

Entre 12 y 18 años, se evidencia rebeldía ante las normas que fijan sus padres, angustia o depresión. Miedos relacionados a los vínculos con el sexo opuesto.

Si bien sabemos que dichas consecuencias son esperables y comprensibles, hay que estar atentos a cualquier indicio de alarma. Cuando las consecuencias pueden generar peligro al niño o a terceros y las emociones se presentan muy intensamente, muy frecuentes o se extienden demasiado en el tiempo, es importante pedir ayuda.

Esta puede recibirse de un familiar, de amigos, de los profesionales del colegio o de un psicólogo especialista.

En ProMamás, acompañamos y orientamos a los padres en el proceso de separación. Si ellos lo encaran con un criterio de resolución de problemas y de manera adaptativa, los hijos se expondrán a menor estrés y realizarán este proceso “doloroso” con menos consecuencias, sintiéndose queridos y valorados.

 

M. Verónica Tamburelli

ProMamás

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El presente artículo fue elaborado y corregido por el comité asesor de bebesencamino.com.

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