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Mitos y verdades sobre la seguridad de las vacunas Cientos de estudios avalan la seguridad y eficacia de las vacunas para reducir enfermedades graves incluso la muerte.

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Una pequeña minoría de personas aún desconfía de la seguridad de las vacunas infantiles de rutina, pero una experta indicó que los mitos alrededor de la vacunación son fáciles de desmentir.

“Tanto los padres como los médicos tienen la misma meta, que los niños estén sanos, y la mejor manera de mantener a un niño a salvo es a través de las vacunas”, dijo la doctora Nadia Qureshi, especialista en enfermedades infecciosas infantiles en el Sistema de Salud de la Universidad de Loyola en Chicago.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (U.S. Centers for Disease Control and Prevention, o CDC), las vacunas han salvado más de 732,000 vidas en Estados Unidos en las últimas dos décadas.

Sin embargo aún persisten ideas equivocadas sobre estas intervenciones médicas que son sencillas pero cruciales.

Las vacunas producen autismo

Uno de los mitos más grandes es que la vacuna contra sarampión, paperas y rubeola (llamada triple viral o SPR) causa autismo, dijo Qureshi, quien también es profesora de pediatría en la Universidad de Loyola.  “El mito empezó en 1998 cuando un cirujano inglés publicó un estudio en la revista The Lancet, donde afirmaba que la vacuna SPR estaba ligada al autismo y la enfermedad inflamatoria intestinal”  Sin embargo, Qureshi señaló que desde entonces “ningún otro estudio ha podido reproducir o validar esos resultados”.

De hecho, “más adelante se descubrió que [el cirujano británico] había inventado y plagiado historias clínicas, e incluso se halló que había patentado una vacuna únicamente para el sarampión de manera que los resultados de su investigación lo beneficiarían económicamente”.  “Además, para demostrar sus teorías el autor practicó ciertos procedimientos en niños que no eran necesarios ni fueron aprobados por el comité de ética del hospital”, dijo Qureshi. “Su licencia médica fue revocada y la revista se retractó de haber publicado el artículo. Aun así, este miedo sin fundamento se ha infundido en la mente de muchos padres y sigue haciendo que algunos duden en vacunar a sus hijos, lo que ha resultado en brotes generalizados”.

El diciembre de 2014, un brote de sarampión que empezó en dos parques Disney en California contagió a 151 personas antes de que se diera por terminado en abril, según los CDC. Los funcionarios de los CDC indicaron que más del 80 por ciento de los afectados no estaban vacunados o no contaban con un certificado de vacunación.

 

Es peligroso aplicar demasiadas vacunas al mismo tiempo

“El sistema inmunitario es puesto a prueba constantemente por lo que los bebés se meten a la boca e incluso el aire que respiran; cada día se exponen a miles de gérmenes y antígenos”, señaló Qureshi. En ese contexto, “las vacunas son como una gota de agua en una alberca”, dijo.

Además, “se han realizado investigaciones exhaustivas para garantizar que el programa de vacunación sean seguros y efectivos”, añadió Qureshi. “Si los padres esperan demasiado para vacunar a sus hijos, pueden no protegerlos en el momento en el que los niños son más vulnerables y tienen mayor probabilidad de tener complicaciones si se contagian con el virus. Esto es particularmente importante con la tos ferina o pertussis cuando los bebés tienen un índice de mortandad más alto”.

 

Las vacunas contienen sustancias tóxicas

“Los tres ingredientes que más a menudo preocupan a los padres son timerosal, aluminio y formaldehído”. Sin embargo, “desde el 2000, el timerosal se ha retirado de casi todas las vacunas en respuesta a los temores populares [que siguen sin demostrarse científicamente]” dijo. “El aluminio se usa para ayudar a que se genere una mejor respuesta inmunitaria y la cantidad que hay en las vacunas es de una centésima de nuestro consumo diario. El formaldehído aparece de manera natural en plantas, animales, y seres humanos. El nivel de formaldehído que hay naturalmente en el cuerpo es más de 100 mayor al que hay en una vacuna”.

Para contextualizarlo, Qureshi dijo que “una pera tiene 50 veces más formaldehído que una vacuna”.

 

Es mejor que los niños desarrollen su sistema inmunitario a través de infecciones e incluso enfermedades en lugar de con una vacuna.

 

Sin embargo, “en algunos casos la realidad es completamente opuesta”, dijo Qureshi.

“Por ejemplo, las vacunas para el VPH, meningitis infantil (Hib) y tétanos ofrecen mejor inmunidad que si se contraen por infección”, señaló. “Gracias a las vacunas, a menudo se nos olvida que muchas de estas enfermedades pueden causar complicaciones a largo plazo o incluso la muerte. La meningitis infantil puede causar retraso mental, la polio puede causar parálisis y el sarampión incluso puede matar.

Y, si bien “el riesgo de tener una reacción adversa importante a una vacuna es de 1 en un millón, el riesgo de tener complicaciones por una infección que se puede prevenir con una vacuna se acerca más al rango entre 1 en 100 y 1 en 1000”, dijo Qureshi.

El presente artículo fue elaborado y corregido por el comité asesor de bebesencamino.com.

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