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Mi hijo tiene miedo… ¿debo preocuparme? El miedo es una emoción básica, que ha resultado esencial para la supervivencia de nuestra especie. Gracias a que experimentamos miedo, registramos determinados estímulos del mundo que nos rodea como “peligrosos” y reaccionamos en consecuencia, poniéndonos a resguardo o buscando protección.

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El miedo es una emoción básica, que ha resultado esencial para la supervivencia de nuestra especie. Gracias a que experimentamos miedo, registramos determinados estímulos del mundo que nos rodea como “peligrosos” y reaccionamos en consecuencia, poniéndonos a resguardo o buscando protección.

Los miedos en los niños son muy habituales a partir de los dos años de edad, momento en el que el niño comienza a percibirse a sí mismo como un ser diferenciado de su mamá y debe enfrentar el mundo que lo rodea con mayor independencia y madurez.

El niño en crecimiento comienza a interpretar algunos estímulos de su mundo como peligrosos, en muchos casos porque desconoce la realidad de tales situaciones y, por tanto,  reacciona con miedo.

Muchos temores son comunes a todos los niños y aparecen, tarde o temprano, en el curso de su desarrollo. Entre ellos son habituales el miedo a la oscuridad, a ser dejado solos, a lugares y caras extrañas y a ciertos animales e insectos. 

 

 ¿Qué podemos hacer los papás?

Escuchar a nuestros hijos y brindarles un espacio para que puedan expresar a qué tienen miedo y por qué.

Nunca ridiculizar o avergonzar al niño cuando nos dice que tiene miedo. Debemos ponernos en su lugar y valorar que está animándose a contarnos lo que siente y piensaBrindar a nuestros hijos apoyo, afecto, protección y seguridad. Esto le hará sentir que siempre hay un “grande” acompañándolo en sus dificultades, y crecerá más seguro.

No sobreprotegerlo. Acompañarlo y ayudarlo para que pueda enfrentar su temor no significa anularlo como persona. Es importante que sepa que cuenta con nosotros, pero que él debe mantener sus espacios y los logros que ha alcanzado con su madurez (ej. Si tiene miedo a los “fantasmas” en la noche, no llevarlo a nuestra cama sino acompañarlo, hablarle y darle confianza para que logre conciliar el sueño en su habitación). 

Ayudar a nuestro hijo a enfrentar su miedo. Una vez que sabemos a qué teme el niño, explicarle y acompañarlo para que “compruebe” que nada puede pasar. Es necesario que en algún momento el niño afronte el objeto o situación temida.

Realizar diferentes juegos con el niño relacionados con su temor, para que desde un lugar de relajación pueda ir abordando aquello que lo asusta (ej. jugar con linternas en niños con miedo a la oscuridad, a los detectives o escondidas con niños que temen estar solos).

Contarles tus propias experiencias de miedo en la infancia, a qué tenías miedo y cómo lo superaste.

Como toda instancia en el crecimiento de nuestros hijos, acompañarlos en la etapa de los miedos, representa un desafío como papás.

Sin embargo, no debemos preocuparnos si este temor no afecta la calidad de vida del niño, no lo limita en sus situaciones cotidianas, y disminuye con el crecimiento.

 

Lic. Florencia Puccio

ProMamás

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El presente artículo fue elaborado y corregido por el comité asesor de bebesencamino.com.

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