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¿Existen las obsesiones y compulsiones en los niños?

Child-custody
Publicado en la comunidad Primer Bebé

Muchos niños pequeños presentan una serie de rituales o costumbres que los ayudan a ordenarse y a aumentar la sensación de “control” en su vida cotidiana.

Muchas de estas rutinas son, incluso, favorecidas y reforzadas por los papás, quienes las utilizan como una forma de lograr cierta organización en la vida familiar.

 A medida que los niños crecen, algunas rutinas aprendidas en la infancia se convierten en hábitos, mientras otras con menor utilidad, desaparecen.

Ahora bien… ¿Qué ocurre cuando los niños presentan comportamientos, rituales o conductas repetitivas que no pueden dejar de realizar?

Si estas rutinas se vuelven inflexibles, ocupan gran parte del día e interfieren en el normal funcionamiento del niño, es probable que estemos frente a rituales o compulsiones.

Las compulsiones de definen como “el impulso irresistible a realizar una acción determinada”.

Constituyen, en conjunto con las obsesiones, los síntomas principales del Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

Las obsesiones son ideas, pensamientos o imágenes repetitivas, intrusivas, desagradables y no deseadas que se presentan en la mente generando un alto grado de malestar, miedo y ansiedad en el niño.

Las conductas obsesivo-compulsivas pueden manifestarse a cualquier edad.

En la infancia, es importante que sepamos distinguir entre modos de pensamiento propios de la niñez, como el pensamiento mágico (creer que las cosas ocurren solo por pensarlas o imaginarlas) y el modo de pensamiento obsesivo.

Así también, debemos diferenciar entre las conductas rutinarias y estereotipadas de los niños, y las compulsiones o rituales propios del TOC.

Como papás es importante estar atentos, sobre todo si notamos que:

El niño presenta miedo o ansiedad ante ciertas situaciones que antes no temía (por ejemplo: estar con otros niños, por miedo a contagiarse enfermedades)

El niño está desconcentrado, parece desatento hacia el mundo exterior y se ha vuelto introspectivo y muy “metido” en sus pensamientos.

El niño realiza conductas o rituales en forma persistente, repetitiva e inflexible.

La realización de estas conductas ocupa gran parte del día e interfiere en el funcionamiento de la vida del niño. (por ejemplo, llega tarde a la escuela por no poder salir de casa a tiempo, ya que  realiza rituales de lavado de manos)

La imposibilidad de realizar estas conductas, o un simple cambio en ellas, le genera gran malestar, miedo y ansiedad.

Si pensamos que nuestro hijo puede tener un Trastorno Obsesivo-Compulsivo, es indispensable que podamos hacer una consulta con un psicólogo con orientación Cognitivo- Conductual, quien nos asesorará y realizará el correspondiente diagnóstico diferencial.

Intervenir a tiempo marcará la diferencia, ya que evitaremos que el trastorno se haga crónico y podremos tratarlo con mejores resultados.

 

Lic. Florencia Puccio

ProMamás

 

El presente artículo fue elaborado y corregido por el comité asesor de bebesencamino.com.

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