Publicidad
Publicidad

¿Cómo dañamos a nuestros hijos cada vez que les gritamos? Al igual que el maltrato físico, el maltrato psicológico deja secuelas en la personalidad y en la autoestima de nuestros hijos

130807124924-stressed-mom-horizontal-large-gallery
Articulos relacionados

Cuando hablamos de maltrato infantil la imagen que viene a nuestras cabezas es la de un padre o madre golpeando a su hijo, sin embargo hay otro tipo de maltrato que no deja huella física pero sí psicológica, el llamado maltrato psicológico.

Un reciente estudio llevado a cabo por científicos de la Escuela Simmons de Trabajo Social de Boston (EEUU) muestra que no hace falta pegar a un niño para dejar marcas de por vida en su personalidad, sino que basta con gritarle.

Los científicos revelaron que no esperaban los resultados obtenidos. Según comentó la directora del estudio: “Esperábamos que la exposición a la violencia física dejara cicatrices perdurables, pero no creíamos que nos íbamos a encontrar con que la exposición a gritos e insultos entre miembros de una familia tuviera tales efectos en la vida adulta”.

Según comentaron las consecuencias incluyen problemas de salud mental, concretamente depresión y abuso de alcohol y sustancias. Son personas más descontentas con sus vidas y sufren incluso una mayor tasa de desempleo.

Para el estudio recopilaron datos de 346 personas a través de varios informantes (padres, profesores…) e indagaron sobre la existencia de violencia verbal y/o física en sus hogares en edades muy concretas. 

Analizaron cómo ambos tipos de agresiones influían en la vida de las personas al llegar a la edad adulta (30 años) y valoraron la salud mental, el estado psicológico, el puesto laboral, la salud física y la historia familiar. 

De los sujetos estudiados un 55% reconoció que había vivido conflictos verbales y un 12% afirmó haber sufrido violencia física.

Los resultados dicen que las personas que sufrieron maltrato psicológico tienen un riesgo tres veces mayor de padecer un trastorno psiquiátrico a los 30 años que los que vivieron en familias estables.

Si la agresión es física, el riesgo de problemas a nivel psicológico y de insatisfacción laboral y personal es mucho mayor.

Según la directora del estudio “es necesario crear programas preventivos precoces para los niños y niñas, así como fomentar la buena comunicación entre padres e hijos”.

Una forma  de expresión verbal violenta  puede resultar intimidante y que puede afectar a la personalidad de los niños.

Además de los gritos hay otros factores que seguro también hacen mella en la personalidad de los niños: ignorarlos, no hacer caso a sus peticiones, llantos o llamados despierta en ellos un sentimiento de inferioridad y baja autoestima. 

Todos hemos gritado a nuestro hijo en algún momento, pero eso no quiere decir que esté bien, debemos aprender a no hacerlo (y contar hasta diez).  Los niños merecen ser tratados con respeto y nosotros como padres y educadores debemos aprender a reconocer nuestros errores.   Un “siento haberte gritado”, muestra que papá y mamá también son humanos. 

El presente artículo fue elaborado y corregido por el comité asesor de bebesencamino.com.

Publicidad

Todavía nadie ha comentado este artículo. Sé el primero en comentar!
Comentarios

Publicidad

Centros de información

Publicidad
Publicidad
Publicidad